Los limites de ser padres


Te di la vida pero no puedo vivirla por ti;
Puedo enseñarte muchas cosas Pero no puedo obligarte a aprender.
Puedo dirigirte, pero no siempre estaré para guiarte.
Puedo darte libertad,
Pero no responsabilizarme por lo que haces con ella,
Puedo llevarte a la iglesia pero no
Puedo obligarte a creer;
Puedo instruirte en lo malo y lo bueno,
Pero no puedo decidir por ti;
Puedo comprarte un traje hermoso
Pero no puedo hacerte hermoso por dentro;
Puedo ofrecerte consejos, pero no
Puedo ponerlos en práctica para ti;
Puedo darte amor
Pero no puedo obligarte a aceptarlo;
Puedo enseñarte a compartir,
Pero no puedo forzarte a hacerlo;
Puedo hablarte del respeto, pero
No te puedo exigir que seas respetuoso;
Puedo aconsejarte acerca de las buenas amistades,
Pero no puedo escogértelas;
Puedo educarte acerca del sexo
Pero no puedo mantenerte puro;
Puedo platicarte acerca de la vida,
Pero no puedo edificarte una reputación;
Puedo decirte que el licor es peligroso,
Pero no puedo decirte “no” por ti;
Puedo advertirte acerca de las drogas,
Pero no puedo evitar que las uses;
Puedo exhortarte acerca de la necesidad de tener metas altas,
Pero no puedo alcanzarlas por ti;
Puedo enseñarte acerca de la bondad,
Pero no puedo obligarte a ser bondadoso;
Puedo amonestarte en cuanto al pecado.
Pero no puedo hacerte una persona moral.
Puedo amarte como niño, pero no
Puedo colocarte en la familia de Dios.
Puedo hablarte de Jesús, pero no
Puedo hacer que Jesús sea tu Señor.
Puedo explicarte como vivir.
Pero no puedo darte vida eterna.

Tus hijos no son tuyos
Este texto extraído de “El profeta” la obra cumbre de Khalil Gibran, novelista y poeta libanés (1883-1931), expresa muy bien algo que los padres solemos olvidar: que nuestros hijos no son propiedades nuestras sino que llegan a la vida a través de nosotros y nuestra responsabilidad es acompañarles y respetarles en el camino.
Esto también implica que debemos educarles con mucha más libertad (que no permisividad) de lo que hacemos: libertad para ser bebés y exigir tiempo, brazos, calor y teta aunque nosotras estemos exhaustas, libertad para descubrir el mundo aunque abran todos los cajones de la casa, libertad para ser niños, moverse y destartalarlo todo (sin medicarles), libertad para gritar y expresarse a su manera, etc.
La función de los padres no es adiestrar a sus hijos a que encajen en unos estandares sociales cada ver más cuestionables, sino respetar su personalidad, hacer florecer sus talentos innatos y no permitir que la familia, la escuela y la vida en general los anule y los uniformice como ha pasado con casi todos los adultos.
Disfrutemos con estas bellas palabras:
Tus hijos no son tus hijos,
son hijos e hijas de la vida,
deseosa de sí misma.
No vienen de ti,
sino a través de ti,
y aunque estén contigo,
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos,
pues ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas,
porque ellos
viven en la casa del mañana,
que no puedes visitar,
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerles semejantes a ti,
porque la vida no retrocede ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual tus hijos,
como flechas vivas,
son lanzados.
Deja que la inclinación,
en tu mano de arquero,
sea para la felicidad.

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